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Fin de Ruizenbourgh en Obolog

jueves, 08 de enero del 2009 a las 20:11
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Aquí termina Ruizenbourgh en Obolog y se traslada a la página madre Poorpooland, donde seguirán las anécdotas.

http://poorpooland.blogspot.com

¡Gracias a todos por leer!

J.R.R.G.

Efimeral (Parte 1: Los orígenes)

miércoles, 31 de diciembre del 2008 a las 14:16

Todo empezó con Jack Black y su efusividad por la música. Todo empezó con Escuela de Rock. Todo empezó con ver que se podía tocar una guitarra. Todo surgió gracias a una guitarra española con cinco cuerdas desafinada que guardaba mi hermana entre el polvo en el rincón más oscuro de su cuarto. Un día la cogí, por coger y, teniéndola tumbada en mis rodillas, saqué, de oído y de mala manera, el riff principal de "Seven Nation Army" de los White Stripes. Para mí, aquello fue un logro, un gran paso en la música.

Comentado con SSM, ambos flipados con Escuela de Rock, comenzamos a ver si la cosa era viable. Así comenzó una etapa de quedar en mi casa, junto con otro amigo al que llamaremos con el oculto nombre de Fran. Teníamos 3 instrumentos, la guitarra, que ahora solo tenía cuatro cuerdas, una batería hecha con latas y una papelera de aluminio tocada con lápices, y la voz de Fran. SSM se encargaba de tocar la guitarra, tumbada de espalda sobre sus rodillas, yo mientras en el suelo resolvía algunas notas estridentes con la sutil percusión.

Así pasó el tiempo, sin progreso aparente alguno, sacando éxitos de gran repercusión que conservábamos para la historia con una grabadora de cassette ahora perdida junto con las cintas. Yo aprendí a puntear acordes inventados en mi guitarra española de cuatro cuerdas y desafinada y poco a poco, aunque cueste creerlo, cogí soltura. Debo hacer aquí un aparte para remarcar que las púas eran de construcción casera a partir de los tazos de las patatas fritas.

Llegó el verano y con él un par de guitarras eléctricas. ¡Qué locura, por Dios! Pues sí. SSM compró de segunda mano una Academy Stratocaster a un amigo y Fran, más adelante, consiguió otra del mismo estilo y calidad solo que con un pedal de distorsión y de primera mano. Las sesiones de ensayo se trasladaron entonces a su casa, a su cuarto, que era más pequeño que el mío, pero en el que había un ordenador con micro. Allí nos íbamos los tres, con todo el calor del mundo, a apretujarnos con tres guitarras, una flamenca destrozada y tuneada por Fran, más las dos nuevas eléctricas.

Esto fue la entrada a una nueva era en la que SSM, con los pocos acordes que manejaba y las dos o tres canciones que se sabía, conseguía hacer variaciones y, en su defecto, canciones nuevas. Canciones que no sé si Fran conservará en la memoria de su ordenador pero que se grabaron. Estas sesiones eran mezcladas con partidas al Worm, si no recuerdo mal, y salidas a la tienda más cercana a comprar la merienda. De esas sesiones quedaron para la posteridad "Super Sound", "Man Away", "Hiverly", "Live", "Aborto de rasgueo por Beaver cuando las elecciones se acercan" y el gran éxito de velocidad alterada "Penetration is my destination".

Así terminó el verano y yo repetí curso, pues me dio por leerme "Los Pilares de la Tierra" en las dos semanas que más tenía que haber estudiado. Esto llevó a mi madre a cambiarme del instituto en que estaba con SSM y Fran a otro en el que no conocía a nadie. En su momento fue una desgracia, pero ahora me doy cuenta (y ya llevo tiempo siendo consciente) y creo que no me podría haber pasado algo mejor en mi vida. Más tarde se verán algunas de las consecuencias.

Aún así, los ensayos se mantuvieron en mi casa, seguíamos los tres, inamovibles, los viernes por la tarde, desde las 6 o las 7 hasta las 10 o las 11, comiendo patatas, bebiendo Coca-Cola, y dando un por culo impresionante a los vecinos. Qué tardes aquellas... Volviendo a esta etapa de mi vida creo que tengo bien merecido el por culo recibido por mi vecino en la residencia universitaria del que ya hablé en la entrada anterior.

Fue entonces, por ahí por principio de curso que, de un día para otro, un nuevo amigo de la infancia se incorporó a la formación, lo llamaremos Rokete para conservar su anonimato, y con él no solo se trajo una guitarra eléctrica más, sino que introdujo en nuestras vidas un intrumento hasta ahora desconocido: una batería eléctrica...

Hasta aquí la primera parte de la historia de Efimeral. Busquen pronto la segunda.

¡Gracias por leer!

J.R.R.G.

El Parásito del Silencio Ajeno

miércoles, 10 de diciembre del 2008 a las 19:47
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¿Qué estoy haciendo ahora mismo? Pues estoy en mi habitación de la Residencia Universitaria, escuchando música a todo volumen. ¿Qué música? Eso es irrelevante. Pero la verdad es que, un poco a parte de lo que me suele gustar ponerme para escribir, he escogido lo más distorsionado y basto de Mi Música, un directo de Muse ¿Por qué? Pues por mi vecino de atrás, por supuesto.

Ya lo tuve el año pasado, pero a saber por qué, no me dio por culo alguno. Parece ser que este verano se lo estuvo pensando y decidió que ya era hora de tocarme un poco los huevos. Y la verdad es que lo está consiguiendo de una manera en la que pocos habían llegado.

Todo empezó cuando a principios de curso mi cuarto se convirtió en el maletero de un cani o un rapero con gran afición por el tunning. Vibraba el suelo, la mesa, hasta el frigorífico que tengo encima de una mesa de patas sensibles se movía al ritmo de unos repetitivos tonos graves. Pues eso era todo lo que escuchaba (y sentía), los bajos de un Subwoofer retumbando hasta en mi caja torácica.

Al principio esto era algo casual. De vez en cuando. Por la noche después de la cena. Un poco por la tarde. Pero siempre solía pararse a la medianoche. Hasta que un día no paró. Y ya no ha vuelto a para nunca más.

Me quejé al guarda nocturno. Me quejé al guarda otra vez. Y al final decidí que lo más correcto era volver a quejarse, pero en recepción. Allí no hicieron mucho más que llamarle la atención otra vez. Así estuve un tiempo, digamos que hasta mediados de noviembre, cuando fui a ver al director de la Residencia después de un fin de semana que me quedé aquí y tuve que pasarlo en el cuarto de mi novia (contiguo al mío), puesto que en el mío parecía que había un concierto de vacas deprimidas mugiéndome al otro lado de la pared.

Cuando hablé con él, el director, me pidió disculpas en nombre del inquilino molestador (toma palabra inventada) y entonces sí noté la diferencia. Cambió el Subwoofer de la pared que daba a mi cuarto, a la de enfrente. ¿Qué ocurrió? Que las vibraciones siguieron. ¡Bien! La única diferencia residía en que ahora no me rechinaban las muelas cuando cerraba la boca ni mi frigorífico amenazaba con caerse. No sé aún si es que lo tiene puesto en el suelo o qué se yo, pero sigue molestando igual.

Y como el cambio fue tan nimio, pasé a la alternativa B. Dar golpes constantes en la pared. Bum! Bum! Bum! Todo el día. Mis amigos venían y se sumaban. Una fiesta. Yo golpeaba, y él me los devolvía. Un encanto. Yo le daba para callarlo, o para que se diese cuenta al menos de que al otro lado había una persona viva. Él daba para demostrar que no le importaban lo más mínimo yo o mi libertad de poder echarme una siesta si me salía de los huevos.

Algunos me decían que fuera a hablar con él. Yo me negaba en rotundo. No tenía por qué tratar con una persona que no entendía algo tan básico como el respeto a los vecinos, la convivencia en una residencia. Sí, suena pedante, pero no tenía ganas de llamar a su puerta donde siempre había mil más como él, todos en su cuarto jugando al pro y chillando y saltando como chimpancés

Si de algo sirvió el que quitara su Subwoofer de una pared para pornerlo en la otra fue para que entrara en mi franja auditiva el retumbar constante del vecino de mi vecino, quién pareció entrar en competición con el primero en cuanto a ver cuál de los dos era capaz de llevarme antes al suicidio a base de golpes con la alcachofa de la ducha. Cosa difícil si tenemos en cuenta la fragilidad de alguno de los utensilios de la Residencia.

Resumiendo. El tiempo pasó hasta hace dos semanas (y sigue pasando, vamos) cuando, tras una noche en que me dejé los nudillos en la pared golpeando a un lado y a otro hasta las dos de la mañana, se me acercó el susodicho bicho o vecino número 1, a decirme que si era yo el pesado de los golpecitos. Tarán! En mi cabeza se formaron luces de colorines. Por qué no lo maté es algo que algunos me han preguntado. Discutimos un rato y resultó que él defendía su total inocencia.

Aquella misma mañana había ido a presentar mi ultimátum en recepción y me habían prometido que le harían quitar los altavoces. Tras la comida volví a ir y dije que no hicieran nada, que me las apañaría yo. Durante dos días, o bueno, eso me parecieron dos horas de silencio absoluto, no oí nada. Hasta que empezó otra vez.

La Muerte era la única via. Si moría, no haría más ruido. Pero quedaría el vecino de mi vecino, entonces sería sumar otro cadáver a un historial impecable como es el mío. Dos muertes en poco tiempo. Me cogerían. No, esa no era una solución viable.

¿Qué pasó al final? Pues que no hay final aún, que sigo en mi cuarto, como he dicho, con mi música a todo volumen para no volverme tonto con los mugidos de mis vecinos. ¿Qué pasará? Pues ya he pedido el traslado a una habitación que solo está dos cuartos más allá para Enero, que es cuando se queda libre. ¿Acabará esto bien? Eso espero, sino volveré y soltaré otra vez mis penas en esta página.

Gracias por leer al que lo haya leído todo. Al que solo haya leído un poco: Gra!

J.R.R.G.

Don de Dones

jueves, 03 de julio del 2008 a las 20:00
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Camisa roja de a cuadros con los tres primeros botones abiertos, los pelos del pecho pa' fuera, como Dios manda, las mangas arremangás de enero a enero, pantalón caqui de vestir con la raya en medio bien subío hasta el ombligo, el cinturón apretao, que duela, los zapatos brillantes de vez en cuando, como el pelo engominao patrá y el bigote, abundante y despeluchao sobre esa boca que na más que sabía hablar un idioma, el gaditano.

Ese era Don Miguel Villanueva Iradi. Profesor de Historia, Geografía, Dibujo Técnico, Carnaval y de la vida, shavá, no te equivoque...

Lo conocí, junto con el resto de mi clase, en 1º E.S.O., y ahí fue dónde nos dimos cuenta de que no todos los profesores eran tan iguales. El tío llegaba vacilando, y ahora (y siempre) me río al recordarlo. Para empezar, el cabrón pidió un aula para él (cosa que ningún profesor tenía) y se la dieron, por lo que, cada vez que teníamos Historia (Sociales) o Dibujo Técnico, teníamos que salir de la clase y marchar en fila a la suya, que estaba un poco más allá en nuestro pasillo.

Nos sentábamos y a veces él no estaba y, como es normal, nos poníamos a charlar hasta que, de repente, entraba en clase como un vendabal escupiendo (casi literamente) tal y como lo haría un militar ante la tropa de novatos.

-¿Pero ustede qué zan creío que es esto? Amo a vé, shavales, ustede ya zon adurtos. Tú (al azar señalaba a alguien que bien podría estar mirando el suelo), ¿qué hase, shavá? ¿uste QUÉ hase, shavá? No te equivoque conmigo, killo, no se equivoque que yo zé musco de la vida y tú de mi no te va a cashondeá, ¿te entera? (el pobre alumno ponía cara de acojone y entonces todo iba a peor) Ensima se va a reír, maaaamaaarraaacho, que eso es lo que es usté, un maaamaaarraaacho. (Y entonces llegaba el ataque final) ¡Dos puntos menos, shava!

Si el aludido tenía el valor de quejarse todo empeoraba.  No había dicho ni el "pero" entero cuando:

-¿Cómo? Cuatro puntos menos, shavá. (Todo esto empuñando su carpeta donde tenía nuestra lista). ¿Usté tiene nombre? ¿Cómo se llama? (Mientras empezaba a escribir en cualquier punto de la lista)

La perorata podía seguir un rato más en la que se mezclaban imitaciones del alumno en cuestión y más críticas sobre nuestro comportamiento, pero el tío tenía la habilidad de enlazar el tema con cualquier otra cosa, contar un par de chistes y convertirse de repente en amigo del alumno bronqueado, pasando a bromear con él como si nada y poder llegarle a soltar algo de estilo de:

-(Entre las risas, suyas y de la clase, incluyendo al pobre atacado)No, pero ya fuera de broma, usté es un peeaaaasso cabrón, y si se sigue comportando así usté no llega a ná, a ná. (Volvía a ponerse serio, cara de enfado). Y ya hemo perdío casi to la hora ¡Si es que no puede sé!

Y así se sucedieron dos años, dos años en los que, por lo menos para mí, sus clases se convertían en una vía de escape del resto. Don Miguel era otro tipo de profesor, algo parecido a lo que luego me encontraría en San Felipe con Rafael Marín, solo que de otra pasta. Este Don Miguel era un vacilón de aupa y sus horas estaban llenas de anécdotas y más anécdotas de las que nos costaba creer la mitad.

Le encantaba ser Don Miguel Villanueva, estaba contento consigo mismo y lo demostraba cuando cruzaba los brazos por encima de su pecho inflado de orgullo y comenzaba frases con: "Fíjense ustédes que yo..." o "Yo nunca..." o "Yo siempre...". Aunque para mí que el mayor de sus orgullos era su abuela, a la que se refería como una anciana de salud "imprezionante", con una dentadura magnífica (enseñaba sus propios dientes y, apretándolos, decía: "¡Noventa años y una dentadura mejó que esta!", y se daba golpecitos en las paletas amarrilas).

Al año siguiente, en 2º E.S.O., llegó el primer día de clase muy serio, diciendo que su abuela se había roto la cadera, había tenido problemas de salud y se había muerto la noche anterior, pero que, cómo él bien decía que nunca faltaba a clase, no iba a ser menos en un principio de curso.

Luego, debo recalcar sus métodos. Los exámenes de Historia eran a contrarreloj, él decía la pregunta y nosotros respondíamos sobre la marcha. También los corregíamos nosotros, bajo su "estricta" vigilancia, y nos los puntuábamos nosotros. Él amenazaba con el ultrasuspenso para quien intentara trampear su sistema. Pero todo el mundo trampeaba y él nunca lo revisaba. Yo solo lo hice una vez y fue para subirme de un 5'5 a un 6'5.

En los de Dibujo Técnico repartía la práctica, se iba a su mesa, se sentaba, sacaba el periódico, un walkman, y a disfrutar, pero eso sí, muuu "atento" a todos nosotros.

Recuerdo un exámen de Historia en que, a mitad de las preguntas, dijo: "Un momentito, shavale, ahora vengo". Y salió de la clase dejando la puerta abierta. Muchos, rápidos y fugaces, comenzaron a copiar como putas y hablar con los compañeros cercanos hasta que, PUM. Don Miguel entró cabreao en la clase con su dedo índice empalmado apuntando como un loco:

-¡Usté, usté, usté y usté tienen dos puntos menos en el examen!

El cabrón había estado mirándonos por el reflejo del cristal de la puerta, desde fuera. Solo había salido para pillar a unos cuantos. Jajajaja. Menos mal que yo estaba al final de la clase...

Este Don Miguel era, y es, un tío de importancia media en Cádiz en el mundo del Carnaval. Un crítico reconocido y un entendido del tema. Muchas veces nos decía que viéramos esa noche Ondaluz (o Canal Cádiz) a partir de X hora porque salía él. Yo una vez aguanté despierto para verlo y en cuanto salió y se puso a hablar de Carnaval me quedé sopa.

Bueno, terminó 2º E.S.O y nos fuimos del colegio, dejando atrás a este peculiar tipo. El Instituto al que pasamos estaba al lado del Colegio que dejamos, y muchas veces lo veíamos, ahora en moto, que le dio por coger siempre. Hasta que tuvo un accidente y estuvo medio año en silla de ruedas y medio con bastón.

Desde entonces me lo he cruzado tres veces, una en Carnavales, que nos lo encontramos, SSM y yo, vestido él de Hitler, si mal no recuerdo (o puede que de soviético de la 2ª Guerra Mundial) se nos acercó para decirnos algo pero no recuerdo qué. Es más, no sé siqiuiera si lo entendí. Y luego otros dos encuentros fugaces en los que se me quedaba mirando con duda.

En fin, ya luego supe de él por un libro que vi publicado a su nombre, "El Carnaval de Cádiz durante la Segunda República Española (1931-1936): Ensayo sobre un Carnaval prohibido"  en una papelería; y varios meses después leí un artículo, que aún conservo no sé porqué, sobre él en el VivaCádiz.

Y hasta aquí llega esta historia, dejando para cerrar algo que realmente me sorprendió, una anécdota un tanto improbable, increíble. Decía que iba él por la playa, más allá del Castillo de Cortadura, si no recuerdo mal, paseando tranquilamente, cuando, no recuerdo si vio a lo lejos en la orilla o algo así, una tortuga gigantesca, no sé si muerta o viva, pero, según él, del tamaño de un 600.

Nadie pudo creerse esa historia... hasta que trajo la foto. La tortuga, inmensa, y él al lado, sonriente, en bañador y chanclas, pero eso sí, con un montón de grasia, shava, no te confunda...

¡Gracias por leer!

J.R.R.G.

La cosa va de psicópatas y militares

martes, 08 de abril del 2008 a las 22:02

Ayer, llegando de la calle, se me acercó mi madre y me dijo que estaba a punto de empezar en Canal Sur un documental sobre "El Descuartizador de Cádiz", historia que, aunque ya conocía, me picaba la curiosidad. Bueno, no voy a hablar de él, ni mucho menos, para eso está el Google, pero hubo un dato en concreto que  me llamó mucho la atención, y era que asesino y víctima habían fraguado una bonita amistad en el Colegio Cortadura, sí, allí donde muchos de mis amigos y yo pasamos nuestra infancia y adolescencia casi al completo (por lo menos hasta que me fui con unos quince años para el San Felipe).

Bien, pensando sobre el tema, llegué a la conclusión de que aquello no debía sorprenderme tanto, no después de haber convivido allí con elementos tan curiosos como, por ejemplo, y sin ir más lejos, Chifón y Pumuki. Pero hoy os traigo otros personajes nuevos.

Empecemos por... pongámosle de apodo Arqui. Un tipo larguirucho, encorvado, de pelito al cubo, boca doblada y ojos constatemente fuera de sus órbitas; siempre parecía ir chutado de tiza. Hablaba entrecortadamente, pisándose las palabras y soltando perdigones, movía las manos y la violencia estaba inscrita en todos sus movimientos, así como la furia al borde las lágrimas cada vez que algo le tocaba los huevos, cosa que pasaba a menudo. Daba miedo. Y lo peor es que se empeñaba en ser amigo nuestro, SSM puede corroborar la historia, ya que ambos nos asustábamos cuando nos proponía quedar para salir juntos un fin de semana.

Me lo presentó Chifón, ¿quién si no? Y pronto se nos pegó. No era mal chaval, pero a veces, repito, daba miedo. Me reía mucho cuando decía cosas del estilo: "Es que lo tiraría al suelo, le pisaría la cabeza y le patearía los huevos hasta que le explotasen". Bueno, me reía hasta que veía que él mantenía su miraba fija en la víctima de su frase con el ceño tan fruncido que apenas se le veían los ojos y la boca entreabierta con una rápida lengua en constante saliveo de labios me hacía buscar una excusa y cambiar rápidamente de tema. 

Junto con Arqui, casi como inseparables hermanos, Sayid (no es ése su nombre pero es el que más se le parece) el Moro. No era moro, aunque tenía los rasgos adecuados, y se creía que vivía en un videoclip de hip hop. Él no te hablaba, te rapeaba, movía las manos, los hombros y, sí te descuidabas, te hacía un bailecito break dance. También tenía cierta tendencia simiesca a subirse a las mesas, hacer el pino en ellas y cosas así. Lo peor es que tenía casi cuatro años más que yo.

Pero lo característico de él era su manera de mentir, sus trolas, sus cuentos chinos, cosas como trifulcas contra los antidisturbios en las que él, todo valeroso, peleaba contra policías a caballo y escapaba de los furgones gracias a su habilidad física, contratos con discográficas que nunca llegaban a cuajar, etc. La gente se reía de él, pero a mí, a pesar de esto, me caía bien, no sé si por pena o porque a veces era simpático, nos llevábamos. ¿Cómo? Pues porque caímos en la misma clase y era amigo de amigo, de uno normal, mal estudiante como yo, pero normal al fin y al cabo.

Ahora voy a contar la parte morbosa de la historia, los momentos clave de ambos:

Arqui. Tenía la manía de hacer la puñeta a lo grande, y había que andarse con ojo. Cosas como cogerte por la espalda de improviso, agarrarte el cuello y reírse como un loco. Meterte trozos de tiza entre las palomitas de mantequilla, cosa que no se notaba, pintarte la ropa, etc. A mí, gracias a Dios, no me hizo nada de eso, pero yo lo veía con temor.

Un día, llegando al punto álgido de su creatividad, rayó la capa de arriba de un cd, el papelito ese que lleva pegado, y lo puso todo en un folio. Ese papel, corta, hostia, y el tío lo sabía, así que me quedé de piedra cuando vi que, aguantando el folio con las dos manos, lleno éste con los trozos del cd, se iba para Sayid, lo llamaba para que se girara y le soplaba toda la mercancía en la cara para luego darle una colleja y meterle los restos por la espalda. Un máquina, el amigo Arqui. Desde ese día me andé con mucho más ojo y, aunque os parezca broma, siempre le miraba las manos cuando lo veía venir.

Todos los recreos los pasábamos al final de nuestro pasillo, formando un amplio círculo, SSM, Arqui, Sayid, Fran, Rokete a veces (no lo sé bien), y otros cuantos, jugando al 1x2 de manera altamente peligrosa con unas bolas de papel cubiertas de papel de aluminio y esparadrapo de tubería que traía Fran. Resultado: una bola del tamaño de mi puño, durísima, que volaba de mano en mano. Arriesgábamos las narices y nuestros expedientes, jugando rodeados de ventanas frágiles. Durante 25 minutos descargábamos energía así, pero daba miedo... Jajaja.

Sayid explotó una vez. Yo no lo vi, pero sé que, en una clase en hora libre, aburrido, supongo, por la monotonía del tiempo que pasaba sin poder saltar por las mesas, agarró una silla y, sin motivo aparente, se la tiró a la cabeza a un chaval cuyo nombre omito porque aún me lo encuentro de vez en cuando. Resultado: una de las patas de la silla le golpeó en plena oreja y el niño fue al suelo, imposible de poder dar dos pasos sin caerse, el equilibrio a tomar por culo.

También, en época de elecciones, y por esto recuerdo que sería Marzo 2004, Sayid pintó, antes de clase, en la mesa de la profesora de historia, cuyo apoyo al PP era conocido por sus alumnos, lo siguiente: "Muerte al PP. Viva PSOE. ¡Puta Facha!". La tipa llegó, lo vio, y se fue llorando, para volver con la Jefa de Estudios, que nos gritó a todos que éramos unos delincuentes. Nadie salió como culpable, así que muchos buenos compañeros no se lo pensaron y acusaron al morito. Éste lo negó todo durante unos minutos, indignado por la simple mención del hecho. Dos segundos después, se entregó a la justicia. 

Lo último que supe de ambos personajes fue que se metieron en el ejército, refugio de fracasos escolares y también de gente normal, quepa decirlo, pero un 55% por ciento de los estudiantes del Cortadura, y creo que no exagero, terminaban dirigendo sus pasos al ejército con la extraña idea de que allí harían algo productivo. Resultado final: Todos lo terminan dejando, por lo menos los que me he ido topando.

Dejé el Cortadura, como ya dije antes, con 15 años, al repetir, y me desvinculé por completo de estos dos señores. De Arqui no sé más que lo dicho, al ejército y, según me decía antes SSM, volvió en silla de ruedas con una pierna rota.

A Sayid me lo encontré dos o tres años después y sentí lástima. Estaba igual. Cerca de los veinticinco años, creo, y vistiendo aún esos pantalones anchísimos, sudaderas ridículamente grandes, hablando medio en rapeo y con ideas absurdas volándole por la cabecita. Estaba de permiso, y lo destinaban a la quinta puñeta, a un pueblo, a hacer prácticas. Nos despedimos, hizo un saludo militar entre risas y se alejó. No lo he vuelto a ver.

Uff, que articulillo más sieso.

¡Gracias por leer!

J.R.R.G.

Comunicado desde The Breakfast Clan

jueves, 03 de abril del 2008 a las 11:30

¡Oh, Dios Mío! ¡El Clan del Desayuno no está muerto! ¡Qué de tiempo desde aquel 24 de Septiembre con el Capítulo 5 de El Faro! Bueno, hoy os traigo dos noticias, iba a ser solo una, pero ya que entraba, aprovechaba y lo decía todo. Pero antes me veo en la obligación de explicar aquí QUÉ ES el Breakfast Clan. Pues bueno, un blog que creamos un amigo y yo (Kenneth/Anatomía a un Oruga) el año pasado con la intención de publicar las cosas que fuésemos escribiendo y animar a la gente a hacer lo mismo. La cosa fue lenta, pero el pasado verano conseguimos que algunos amigos nos enviaran sus escritos y nosotros mismos publicamos los 5 primeros capítulos de una historia conjunta que estamos llevando a cabo, El Faro. Para todo aquel interesado, dejo aquí enlazado el primer capítulo: http://breakfastclan.blogspot.com/2007/06/el-faro-captulo-1.html.

Ahora, volviendo a las dos noticias, empezaré por la más importante:

1ª El Faro vuelve en verano. NO falta mucho y podemos aseguraros que vuelve y a lo basto. Por lo pronto publicaremos el 6, 7, 8, 9 y 10 (con un poco de suerte), la mayoría de los cuales están ya escritos. La historia va a dar para mucho y tenemos pensada una gran trama para seguir.

La forma de publicar va a cambiar. A partir de ahora, y por petición de uno de nuestros escasísimos lectores, los capítulos no serán tochazos, osea, sí, pero no publicaremos el tochazo del tirón, si no que los partiremos en dos, a publicar, por ejemplo, al principio y final de la semana. Con esto pretendemos no abrumar y hacer la lectura más rápida y ligera.

Como hasta el verano no creo que nadie más quiera escribir para el Breakfast, por falta de tiempo, ganas o lo que sea, aquí un servidor (JRRG), que cuenta con la carrera más sosa y espaciada de todas, acaba de crear un nuevo espacio, un blog anexo a este llamado "Entre la Montaña y el Maizal", donde iré publicando cuentecitos por partes, pequeños capitulitos de poco más de un folio, todos situados o relacionados con un pueblecito del Condado Blanco.

Por ahora, lo único que podéis encontrar es el Capítulo 1. Los capítulos serán publicados de cuatro en cuatro días, siendo el próximo Lunes 7 el día que aparezca el Capítulo 2.

Espero que me visitéis y comentéis, aunque sea para saber que os habéis pasado por ahí; no os estoy pidiendo una crítica literaria perfecta, pero un "está way" o "aburre" o "vete a cagar", se agradecerían muchísimo.

Sin más que decir, por ahora.

¡Gracias por leer!

The Breakfast Clan/JRRG

Así le ocrurriera a Alfonso de Borbón...

domingo, 30 de marzo del 2008 a las 12:01

Hola, quienquiera que seas. Hoy, después de bastante tiempo, vengo para contaros una nueva anécdota, una cosilla que, aunque no es para mucho, a mí se me grabó bien profundo en la mente. Os hablo del... 2001, 2002, 2003, no lo recuerdo bien, la verdad, pero casi seguro que 2003 (por descarte, vamos).

Todos los veranos, a partir de cierto año, mi madre, hermana, tía, prima y yo cogíamos el coche y nos íbamos de camping durante una semana o así por nuestra cuenta, al principio nos bastábamos con una sola tienda, pero luego, a medida que fuimos creciendo, se sumó una más, dividiéndonos de la siguiente forma, los niños en una, las madres en otra.

En cuanto a los campings escogidos, había unos cuantos, pero siempre dependía de donde hubiese hueco, pues es ese es un detalle a tener en cuenta antes de salir a carretera, ya que podías llamar, preguntar, te decían que había plazas libres y, como no se podían reservar, llegabas y ¡cataplín! Completo, señoras, lo siento. Y a buscar otro camping. Nos pasó mucho eso de ir de un lado a otro y descubrir así algunos campamentos más. Empezamos yendo al Camping Tula, no recuerdo dónde, hasta que un año éste se petó y tuvimos que cambiar nuestro destino por El Faro, en Conil, un poco más limpio, más grande, más caro y bien situado, cerca de la Cala del Aceite y casi pegado al camping del mismo nombre al que nunca fuimos, ¿razones? A saber, aunque puede que la piscina nudista tuviese algo que ver.

El Faro. Cogimos una parcela en el área norte, según entrabas, en la línea de la piscina, podría decirse, casi al final, junto a la caravana de una familia un tanto extraña. Montamos nuestro tinglado en un rato conteniendo las ganas de ir corriendo al agua y zambullirnos una y otra vez hasta quedarnos más arrugados que la vieja de la bañera del Resplandor. Como ya he dicho, según entrabas, a la derecha estaba la piscina y en frente, un pequeño parque de arena, justo al lado del bar, si no recuerdo mal, en donde había unos columpios y poco más; tras esto ya empezaban las hileras de césped, interrumpidas por una línea de arena, bueno, tierra, para el paso de coches y peatonal en sí.

Vale, ¿para qué tanto detalle? Pues para que más o menos, si lo habéis leído, entendáis mejor la disposición de los lugares del camping y el final en sí de la historia. Vale. Ahora comenzamos. Había un chaval, sería de mi edad, quizá un año mayor, que iba siempre en bicicleta y a toda hostia. El hecho de que me fijara bien en él desde un primer momento fue por las quince veces que pasó a 200 km/h junto a nosotros mientras montábamos las tiendas y se nos quedaba mirando. Era una especie de Draco Malfoy pero no tan pálido, un Daniel el Travieso pero con mala leche; siempre sin camiseta, en bañador, descalzo, sonriendo como si fuese Dios, y meneando su melena rubia al viento. Las niñas lo miraban mucho y él se llenaba como la patata del Grand Prix mientras hacía el caballito con su bici, se tiraba de manera estrepitosa al agua, y demostraba todas sus maravillosas habilidades de super héroe delante de todos. No llegué nunca a saber su nombre, ni lo quise saber, pero le cogí tirria desde el primer momento.

Una noche, mi hermana, mi prima y yo nos dirigimos al "parque", pues las niñas querían ir y no podían hacerlo solas, así que me tocó a mí, primo capullo, el vigilarlas. Así, mientras ellas se divertían con otras niñas y niños de su edad que había encontrado por ahí, yo pesacaba subido a una especie de cúpula de barras para escalar, típica de los parques que son de mil colores y bajitas hasta que los oí. Solo se escuchaban los chirridos de los pedales, el crujir de las ruedas, los derrapes y las risas bastotas del grupo, pero pronto supe que se trataba de Draco (pongámosle ese nombre) y sus amiguitos, entre los cuales se encontraba un capullo, también un año mayor que yo, de mi Colegio (por aquel tiempo Cortadura), que al verme se me acercó e intentó entablar una conversación de lo más absurda: "Tú eres de Cortadura", él; "", yo; "¿Que estás aquí?", él; "", yo. Aquello hubiese sido "normal" si no hubiesen estado los otros siete amigos pegados, todos mirando, y Draco sonriendo como si quisiera comerme de un momento a otro.

"¿Cómo te llamas?", me preguntó entonces Draco. "Jose", le dije. "Jose", repitió con acento finoli y acentuando la s; miró a los amigos y empezaron a partirse el culo, que bien. Sin más dieron la vuelta y se largaron, Draco el primero con un caballito esplendido que lo hizo brillar en la noche. Menudo capullo, pensé, pero, instante siguiente, se me acercó un comité anti-Draco que empezó a criticarlo. Me hizo gracia y estuve con ellos el resto de la noche, charlando y jugando al escondite, creo (ya ves, como para encontrar a alguien en todo aquello).

Bueno, esto se está haciendo demasiado largo y la verdad es que no tiene mucho más, no hubo más relación entre los dos, cada vez que nos cruzábamos, aunque él fuera a toda velocidad, lo escuchaba decir: "Joossssssssee" entre risitas. Bien, yo pasé de él todo lo que pude, pero por dentro me cagaba en sus muertos.

En fin, resumo así nuestra estancia pero la verdad es que fue magnífica, como todas, pero aquí me interesa otra cosa y creo que ya me he alargado demasiado. La cosa es que recogimos bártulos una mañana, temprano, y me parece que fue acompañando a mi madre, o a mi tía, a recepción a pagar, lo vimos. Lo primero que noté fue que su flamante bici estaba toda revoleada por el suelo, en una punta de la calle, y que mucha gente se apiñaba en el otro lado, donde se escuchaba llorar a una niña. Quien fuera conmigo y yo nos acercamos disimuladamente y allí estaba Draco, tirado en el suelo, sin camiseta, en bañador, descalzo y muerto.

Jajajaja, no, es broma, lloraba como una nena con todo el cuello enrojecido y puede que hubiera sangre, no lo se, lo que sí estaba seguro es que la marca descarnada horizontal que le cruzaba la nuez de Adán se le iba a quedar durante mucho tiempo. Mi madre o tía preguntó y le dijeron que, corriendo como el viento, elevado a un nivel casi divino de majestuosidad sobre su bici, se había comido un cordel para tender de su propia parcela, cerca del parque y del bar, así como de la piscina, por lo que lo vio todo el camping

Yo no sé cómo quedó su ego tras esto, si siguió surcando el lugar como una bala o se limitó a comportarse como una persona más y no como el rey del Camping, no lo sé, nos fuimos poco después, lo que sí sé es que, aunque suene feo decirlo, me alegré muchísimo de lo que le pasó al ver que no era nada grave, pues, de vez en cuando, a todos nos viene bien un guantazo de realidad para hacernos poner los pies en el suelo.

¡Gracias por leer!

J.R.R.G.

Chifón, el Desenlace (2ªParte)

miércoles, 05 de marzo del 2008 a las 15:15
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A continuación la segunda y última parte de Chifón, una amistad que murió hace tiempo. 

Como todo buen padre debe hacer, el de Chifón no fue menos y le mostró los Beatles. Quedaban así asentadas las bases de lo que un buen gusto musical comprende. A Chifón le encantó este cuarteto sonriente y antiguo, disuelto ya, y con una discografía de escándalo, completísima y en sus manos, toda para él. Escuchando y escuchando se fue dando cuenta de que esa música era su vida y comenzó a querer más de los de Liverpool; compró libros, buscó camisetas (sin éxito), se comenzó a dejar el pelo largo al igual que sus ídolos hicieran en sus comienzos en los 60, y se emparanoió hasta tal punto que el padre le cogió odio al grupo y pensó seriamente en llevar a su hijo a un psicólogo. Esto que hago no es más que transmitir lo que en su día me contara Chifón, no como confidencia, sino como algo anecdótico.

Empapeló su habitación con fotos y fue por él por quién empecé yo a aficionarme disimuladamente a los Beatles (sí, mi padre había fracasado en el intento anteriormente), a odiar a Yoko Ono y entender poco a poco el movimiento hippie. Todo estaba muy bien, Chifón hablaba de la paz y de Lennon como un Dios. También por esta etapa de su vida encontró en Jim Morrison a un líder más al que alabar y a cuyo grupo (The Doors) adorar. Vivió la psicodelia y los sesenta de manera intensa, relajando sus pamplinas de hijo único mimado y cuidando que sus pelos crecieran sin llegar a los hombros. De esta época son las magníficas y célebres frases: "Jim Morrison fue el Jesús Cristo de la musica" y mi favorita: "Cuando John Lennon murió, la gente hacía cola en las azoteas de los rascacielos para suicidarse". Se ve que lo confundió con el Crack del 29.

Llegó el verano y Chifón se fue a su tierra natal, Cordoba. Pasaron dos o tres semanas y volvió otra persona. Para empezar, la melenita lisa y cuidada había desaparecido, ahora el mismo pelo de siempre relucía casposo en su cabecita, más corto incluso de lo habitual. Chaqueta vaquera y pantalones de pitillo bien pegados a los muslacos  que dejaban apreciar el diámetro de su culo. Su forma de hablar era más agresiva y venía fumando Camel. Escupía como una llama a cada calada que le daba al pitillo y tosía, esforzándose por acostumbrarse al cigarro. Ya no hablaba de Lennon, ni de Morrison, no odiaba a Yoko Ono, realmente pasaba tres carajos, ahora solo se interesaba por la política en España y por el código SkinHead, el cual formaba su religión.

Su primo, un capullo de pueblo, le había inculcado todas estas cosas y había soplado por la oreja a Chifón, inflándole la cabeza con tonterías como el White Power, los nacionalismos, la fuerza por la fuerza, el honor del SkinHead, etc. Ahora era más antipático, facilmente irritable, chulo, serio, apestaba más y no escuchaba los Beatles, solo grupos SkinHead que enaltecían la bulla, el desorden, la pelea y la violencia en favor de sus ideas. Había pasado de un extremo, la libertad y la lucha contra el sistema, al contrario, la vuelta a las viejas costumbres, la recuperación del poder conservadurista, etc. Muchas veces hablaba y hablaba y yo me dedicaba a pescar, pensar en otras cosas y poner caras al Peluca, que por otro lado cada vez se iba alejando más de Chifón.

Tras un buen tiempo con esta mentalidad, llegamos el instituto, donde se juntó con algunos personajes que no querían ver más allá del humo de su porro y que pasaban las horas de clase en la playa o pegados al muro tomando el sol. Triste era ver como Chifón se acercaba más y más a estos tipos y su idiología comenzaba a hundirse bajo el peso de nuevas amistades y nuevos puntos de vista. Para resumir, en menos de un mes, Chifón era heavy. Heavy de los de antaño, de Iron Maiden y Helloween, y la música Skinhead, que tenía en cassettes, fue a parar a lo más hondo de un cajón.

Esta nueva época fue muy confusa, casi como ver a un cuadro de Picasso de su época cubista, tres personalidades diferentes en una misma persona que se iban alternando y que iban dejándose ver a saltos, según les diera la luz. El pelo volvió a crecer, ahora descontroládamente y para sufrimiento de su madre, la afición al tabaco se hizo mayor y se emparejó con la del cannabis, la música oscilaba entre Cradle Of Filth, Iron Maiden, Marilyn Manson, Slipknot y de fondo aún podía oírse a McCartney gritando "She loves you, yeah, yeah, yeah...". Se volvió agresivo y hablaba de navajas, puños americanos, a ratos de cuánto deseaba beber cerveza (a pesar de que no la había probado más que en su pueblo), de cómo de guarras eran las góticas, etc.

Vestía de negro riguroso siempre, y había que tener cuidado con la conversación, pues como digo, era bastante irritable. Una tarde, estando él, SSM y yo dando una vuelta, mencionamos a Linkin Park, grupo que oíamos SSM y yo por aquella época, y Chifón saltó diciendo: "A los de Linkin Park habría que empalarlos y prenderles fuego". Y ahí es nada. Recuerdo una vez, una de las últimas veces, que sus padres me invitaron a comer con ellos y Chifón al Arte Serrano, y allí fuimos. Todo fue perfecto hasta que, andando por el Paseo Marítimo viendo los puestos de los negros de bolsos falsos, pulseras de mentira y CDs piratas, un negro pasó muy cerca de Chifón y éste escupió al suelo y dijo: "White Power". Los padres no lo oyeron, pero yo sí, y me empecé a asustar de verdad.

¿Quién era ahora este Chifón? Había ido perdiendo a los amigos de tres en tres, y eso que nunca fue persona altamente sociable. El Peluca ya se había terminado de alejar de nosotros, sus "amigos" heavys del instituto eran demasiado mayores para él (repetidores empedernidos) y pasaban del niñato de turno que siempre los rondaba en los recreos, las discusiones en su casa, debido a su nueva actitud, eran casi constantes, y el único capullo que quedaba para soportar sus locuras era yo. Yo, yo, yo. Persona a la que llamaba día y noche y a la que intentaba arrastrar a los sitios más ridículos. Persona a la que intentaba persuadir para que le complementara en idiología y le siguiese el rollo. Pero, uff, no pudo.

SSM no lo soportaba, así como el resto de mis amigos lo preferían lejos, y eso me dificultaba a mí las relaciones. Yo lo entendía, era difícil pasarlo bien en su presencia y se había convertido más en una carga que otra cosa para unos chavales de quince años, que es lo que éramos. Y así, en estas circunstancias, llegó el final de nuestra amistad, o lo que fuera aquello.

Pleno verano en Cádiz, un calor de la hostia, me llama Chifón por la mañana para invitarme a su casa a ver la segunda de Harry Potter, que él no había visto, y le digo que no puedo, mentira (y eso era otra, no se le podía decir que no, insistía una y otra y otra y otra y otra vez). Me quedo en mi casa jugando a la play al fresquito del ventilador. Me llama al mediodía, no recuerdo si antes o después de la llamada de SSM, y me dice que vaya con él al Corte Inglés a ver unos guantes de cuero con boquetes para sacar los dedos o algo así. Por otro lado, SSM me había dicho que fuéramos a la playa con el Pere, sí, ése en cuya casa nos apalancamos hace dos artículos. Sopesé las ofertas y creo que mi cansancia Chifonesca puso parte de su peso en la mentira. Llamé a Chifón y le dije que no podía ir con él a ningún lado porque mi prima llegaba de París esa tarde e íbamos toda mi familia a recogerla al aeropuerto. Coló.

La tarde discurría sin dificultades, en mi casa, a la sombra en el salón, con un mando en mis manos y la compañía de SSM prevía a ir a la playa, cuando un mensaje llegó a mi antiguo (y ex-irrompible) Nokia 3310. Era de Chifón. Se había encontrado con mi hermana por la calle y ésta no le había ocultado nada sobre mí cuando Chifón le preguntó, diciéndole que de aeropuerto nada, que estaba en mi casa jugando a la play con SSM. En el mensaje decía que era un cabrón, hijoputa, o algo así, sé que era fuerte, me llamaba de mentiroso para arriba y con razón. Sé que no fue la manera más correcta de acabar, pero ni me molesté en llamarlo para disculparme. Fui, y vuelvo a lo que ya dije en la entrada anterior, un cabrón. Pero ahora entendéis las razones.

Al año siguiente tocó en mi clase y fue incómodo tenerlo durante todo el curso a mi lado sin dirigirnos nunca la palabra, siempre temiendo el ser emparejados para algún trabajo. Nuestro último contacto fue en una clase de Sociedad Cultura Religión (no religión), en la que el profesor, como práctica de relajación, nos hizo ponernos por parejas y darnos mutuos masajes por todo el cuerpo por atrás, de cabeza a pies sin dejar nada. Íbamos rotando, y acabe masajeando la espalda y el culo de Chifón. No fue agradable...

Lo vi de manera intermitente, siempre cruzándonos en la calle, los dos años siguientes, descubriéndolo cada vez con el pelo más largo y cara de más mala leche y SSM, que lo siguió viendo en el instituto (yo me cambié), me decía que no tenía apenas amigos. Y, aunque no lo creais, me entristecía. Poco después descubrí que se había echado una novia por internet, de Barcelona, y que se iba a vivir y estudiar con ella allí.

Me lo crucé por última vez este verano, a él con la novia, la madre y el padre, y no pude más que mirar para otro lado y acelerar el paso.

Gracias por leer.

J.R.R.G.

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Aquí iré contando anécdotas y cosas que me vayan ocurriendo a lo largo de mi vida, será un poco como un diario aunque intentaré hacerlo lo más ameno posible.
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