La cosa va de psicópatas y militares
Ayer, llegando de la calle, se me acercó mi madre y me dijo que estaba a punto de empezar en Canal Sur un documental sobre "El Descuartizador de Cádiz", historia que, aunque ya conocía, me picaba la curiosidad. Bueno, no voy a hablar de él, ni mucho menos, para eso está el Google, pero hubo un dato en concreto que me llamó mucho la atención, y era que asesino y víctima habían fraguado una bonita amistad en el Colegio Cortadura, sí, allí donde muchos de mis amigos y yo pasamos nuestra infancia y adolescencia casi al completo (por lo menos hasta que me fui con unos quince años para el San Felipe).
Bien, pensando sobre el tema, llegué a la conclusión de que aquello no debía sorprenderme tanto, no después de haber convivido allí con elementos tan curiosos como, por ejemplo, y sin ir más lejos, Chifón y Pumuki. Pero hoy os traigo otros personajes nuevos.
Empecemos por... pongámosle de apodo Arqui. Un tipo larguirucho, encorvado, de pelito al cubo, boca doblada y ojos constatemente fuera de sus órbitas; siempre parecía ir chutado de tiza. Hablaba entrecortadamente, pisándose las palabras y soltando perdigones, movía las manos y la violencia estaba inscrita en todos sus movimientos, así como la furia al borde las lágrimas cada vez que algo le tocaba los huevos, cosa que pasaba a menudo. Daba miedo. Y lo peor es que se empeñaba en ser amigo nuestro, SSM puede corroborar la historia, ya que ambos nos asustábamos cuando nos proponía quedar para salir juntos un fin de semana.
Me lo presentó Chifón, ¿quién si no? Y pronto se nos pegó. No era mal chaval, pero a veces, repito, daba miedo. Me reía mucho cuando decía cosas del estilo: "Es que lo tiraría al suelo, le pisaría la cabeza y le patearía los huevos hasta que le explotasen". Bueno, me reía hasta que veía que él mantenía su miraba fija en la víctima de su frase con el ceño tan fruncido que apenas se le veían los ojos y la boca entreabierta con una rápida lengua en constante saliveo de labios me hacía buscar una excusa y cambiar rápidamente de tema.
Junto con Arqui, casi como inseparables hermanos, Sayid (no es ése su nombre pero es el que más se le parece) el Moro. No era moro, aunque tenía los rasgos adecuados, y se creía que vivía en un videoclip de hip hop. Él no te hablaba, te rapeaba, movía las manos, los hombros y, sí te descuidabas, te hacía un bailecito break dance. También tenía cierta tendencia simiesca a subirse a las mesas, hacer el pino en ellas y cosas así. Lo peor es que tenía casi cuatro años más que yo.
Pero lo característico de él era su manera de mentir, sus trolas, sus cuentos chinos, cosas como trifulcas contra los antidisturbios en las que él, todo valeroso, peleaba contra policías a caballo y escapaba de los furgones gracias a su habilidad física, contratos con discográficas que nunca llegaban a cuajar, etc. La gente se reía de él, pero a mí, a pesar de esto, me caía bien, no sé si por pena o porque a veces era simpático, nos llevábamos. ¿Cómo? Pues porque caímos en la misma clase y era amigo de amigo, de uno normal, mal estudiante como yo, pero normal al fin y al cabo.
Ahora voy a contar la parte morbosa de la historia, los momentos clave de ambos:
Arqui. Tenía la manía de hacer la puñeta a lo grande, y había que andarse con ojo. Cosas como cogerte por la espalda de improviso, agarrarte el cuello y reírse como un loco. Meterte trozos de tiza entre las palomitas de mantequilla, cosa que no se notaba, pintarte la ropa, etc. A mí, gracias a Dios, no me hizo nada de eso, pero yo lo veía con temor.
Un día, llegando al punto álgido de su creatividad, rayó la capa de arriba de un cd, el papelito ese que lleva pegado, y lo puso todo en un folio. Ese papel, corta, hostia, y el tío lo sabía, así que me quedé de piedra cuando vi que, aguantando el folio con las dos manos, lleno éste con los trozos del cd, se iba para Sayid, lo llamaba para que se girara y le soplaba toda la mercancía en la cara para luego darle una colleja y meterle los restos por la espalda. Un máquina, el amigo Arqui. Desde ese día me andé con mucho más ojo y, aunque os parezca broma, siempre le miraba las manos cuando lo veía venir.
Todos los recreos los pasábamos al final de nuestro pasillo, formando un amplio círculo, SSM, Arqui, Sayid, Fran, Rokete a veces (no lo sé bien), y otros cuantos, jugando al 1x2 de manera altamente peligrosa con unas bolas de papel cubiertas de papel de aluminio y esparadrapo de tubería que traía Fran. Resultado: una bola del tamaño de mi puño, durísima, que volaba de mano en mano. Arriesgábamos las narices y nuestros expedientes, jugando rodeados de ventanas frágiles. Durante 25 minutos descargábamos energía así, pero daba miedo... Jajaja.
Sayid explotó una vez. Yo no lo vi, pero sé que, en una clase en hora libre, aburrido, supongo, por la monotonía del tiempo que pasaba sin poder saltar por las mesas, agarró una silla y, sin motivo aparente, se la tiró a la cabeza a un chaval cuyo nombre omito porque aún me lo encuentro de vez en cuando. Resultado: una de las patas de la silla le golpeó en plena oreja y el niño fue al suelo, imposible de poder dar dos pasos sin caerse, el equilibrio a tomar por culo.
También, en época de elecciones, y por esto recuerdo que sería Marzo 2004, Sayid pintó, antes de clase, en la mesa de la profesora de historia, cuyo apoyo al PP era conocido por sus alumnos, lo siguiente: "Muerte al PP. Viva PSOE. ¡Puta Facha!". La tipa llegó, lo vio, y se fue llorando, para volver con la Jefa de Estudios, que nos gritó a todos que éramos unos delincuentes. Nadie salió como culpable, así que muchos buenos compañeros no se lo pensaron y acusaron al morito. Éste lo negó todo durante unos minutos, indignado por la simple mención del hecho. Dos segundos después, se entregó a la justicia.
Lo último que supe de ambos personajes fue que se metieron en el ejército, refugio de fracasos escolares y también de gente normal, quepa decirlo, pero un 55% por ciento de los estudiantes del Cortadura, y creo que no exagero, terminaban dirigendo sus pasos al ejército con la extraña idea de que allí harían algo productivo. Resultado final: Todos lo terminan dejando, por lo menos los que me he ido topando.
Dejé el Cortadura, como ya dije antes, con 15 años, al repetir, y me desvinculé por completo de estos dos señores. De Arqui no sé más que lo dicho, al ejército y, según me decía antes SSM, volvió en silla de ruedas con una pierna rota.
A Sayid me lo encontré dos o tres años después y sentí lástima. Estaba igual. Cerca de los veinticinco años, creo, y vistiendo aún esos pantalones anchísimos, sudaderas ridículamente grandes, hablando medio en rapeo y con ideas absurdas volándole por la cabecita. Estaba de permiso, y lo destinaban a la quinta puñeta, a un pueblo, a hacer prácticas. Nos despedimos, hizo un saludo militar entre risas y se alejó. No lo he vuelto a ver.
Uff, que articulillo más sieso.
¡Gracias por leer!
J.R.R.G.

