Así le ocrurriera a Alfonso de Borbón...
Hola, quienquiera que seas. Hoy, después de bastante tiempo, vengo para contaros una nueva anécdota, una cosilla que, aunque no es para mucho, a mí se me grabó bien profundo en la mente. Os hablo del... 2001, 2002, 2003, no lo recuerdo bien, la verdad, pero casi seguro que 2003 (por descarte, vamos).
Todos los veranos, a partir de cierto año, mi madre, hermana, tía, prima y yo cogíamos el coche y nos íbamos de camping durante una semana o así por nuestra cuenta, al principio nos bastábamos con una sola tienda, pero luego, a medida que fuimos creciendo, se sumó una más, dividiéndonos de la siguiente forma, los niños en una, las madres en otra.
En cuanto a los campings escogidos, había unos cuantos, pero siempre dependía de donde hubiese hueco, pues es ese es un detalle a tener en cuenta antes de salir a carretera, ya que podías llamar, preguntar, te decían que había plazas libres y, como no se podían reservar, llegabas y ¡cataplín! Completo, señoras, lo siento. Y a buscar otro camping. Nos pasó mucho eso de ir de un lado a otro y descubrir así algunos campamentos más. Empezamos yendo al Camping Tula, no recuerdo dónde, hasta que un año éste se petó y tuvimos que cambiar nuestro destino por El Faro, en Conil, un poco más limpio, más grande, más caro y bien situado, cerca de la Cala del Aceite y casi pegado al camping del mismo nombre al que nunca fuimos, ¿razones? A saber, aunque puede que la piscina nudista tuviese algo que ver.
El Faro. Cogimos una parcela en el área norte, según entrabas, en la línea de la piscina, podría decirse, casi al final, junto a la caravana de una familia un tanto extraña. Montamos nuestro tinglado en un rato conteniendo las ganas de ir corriendo al agua y zambullirnos una y otra vez hasta quedarnos más arrugados que la vieja de la bañera del Resplandor. Como ya he dicho, según entrabas, a la derecha estaba la piscina y en frente, un pequeño parque de arena, justo al lado del bar, si no recuerdo mal, en donde había unos columpios y poco más; tras esto ya empezaban las hileras de césped, interrumpidas por una línea de arena, bueno, tierra, para el paso de coches y peatonal en sí.
Vale, ¿para qué tanto detalle? Pues para que más o menos, si lo habéis leído, entendáis mejor la disposición de los lugares del camping y el final en sí de la historia. Vale. Ahora comenzamos. Había un chaval, sería de mi edad, quizá un año mayor, que iba siempre en bicicleta y a toda hostia. El hecho de que me fijara bien en él desde un primer momento fue por las quince veces que pasó a 200 km/h junto a nosotros mientras montábamos las tiendas y se nos quedaba mirando. Era una especie de Draco Malfoy pero no tan pálido, un Daniel el Travieso pero con mala leche; siempre sin camiseta, en bañador, descalzo, sonriendo como si fuese Dios, y meneando su melena rubia al viento. Las niñas lo miraban mucho y él se llenaba como la patata del Grand Prix mientras hacía el caballito con su bici, se tiraba de manera estrepitosa al agua, y demostraba todas sus maravillosas habilidades de super héroe delante de todos. No llegué nunca a saber su nombre, ni lo quise saber, pero le cogí tirria desde el primer momento.
Una noche, mi hermana, mi prima y yo nos dirigimos al "parque", pues las niñas querían ir y no podían hacerlo solas, así que me tocó a mí, primo capullo, el vigilarlas. Así, mientras ellas se divertían con otras niñas y niños de su edad que había encontrado por ahí, yo pesacaba subido a una especie de cúpula de barras para escalar, típica de los parques que son de mil colores y bajitas hasta que los oí. Solo se escuchaban los chirridos de los pedales, el crujir de las ruedas, los derrapes y las risas bastotas del grupo, pero pronto supe que se trataba de Draco (pongámosle ese nombre) y sus amiguitos, entre los cuales se encontraba un capullo, también un año mayor que yo, de mi Colegio (por aquel tiempo Cortadura), que al verme se me acercó e intentó entablar una conversación de lo más absurda: "Tú eres de Cortadura", él; "Sí", yo; "¿Que estás aquí?", él; "Sí", yo. Aquello hubiese sido "normal" si no hubiesen estado los otros siete amigos pegados, todos mirando, y Draco sonriendo como si quisiera comerme de un momento a otro.
"¿Cómo te llamas?", me preguntó entonces Draco. "Jose", le dije. "Jose", repitió con acento finoli y acentuando la s; miró a los amigos y empezaron a partirse el culo, que bien. Sin más dieron la vuelta y se largaron, Draco el primero con un caballito esplendido que lo hizo brillar en la noche. Menudo capullo, pensé, pero, instante siguiente, se me acercó un comité anti-Draco que empezó a criticarlo. Me hizo gracia y estuve con ellos el resto de la noche, charlando y jugando al escondite, creo (ya ves, como para encontrar a alguien en todo aquello).
Bueno, esto se está haciendo demasiado largo y la verdad es que no tiene mucho más, no hubo más relación entre los dos, cada vez que nos cruzábamos, aunque él fuera a toda velocidad, lo escuchaba decir: "Joossssssssee" entre risitas. Bien, yo pasé de él todo lo que pude, pero por dentro me cagaba en sus muertos.
En fin, resumo así nuestra estancia pero la verdad es que fue magnífica, como todas, pero aquí me interesa otra cosa y creo que ya me he alargado demasiado. La cosa es que recogimos bártulos una mañana, temprano, y me parece que fue acompañando a mi madre, o a mi tía, a recepción a pagar, lo vimos. Lo primero que noté fue que su flamante bici estaba toda revoleada por el suelo, en una punta de la calle, y que mucha gente se apiñaba en el otro lado, donde se escuchaba llorar a una niña. Quien fuera conmigo y yo nos acercamos disimuladamente y allí estaba Draco, tirado en el suelo, sin camiseta, en bañador, descalzo y muerto.
Jajajaja, no, es broma, lloraba como una nena con todo el cuello enrojecido y puede que hubiera sangre, no lo se, lo que sí estaba seguro es que la marca descarnada horizontal que le cruzaba la nuez de Adán se le iba a quedar durante mucho tiempo. Mi madre o tía preguntó y le dijeron que, corriendo como el viento, elevado a un nivel casi divino de majestuosidad sobre su bici, se había comido un cordel para tender de su propia parcela, cerca del parque y del bar, así como de la piscina, por lo que lo vio todo el camping.
Yo no sé cómo quedó su ego tras esto, si siguió surcando el lugar como una bala o se limitó a comportarse como una persona más y no como el rey del Camping, no lo sé, nos fuimos poco después, lo que sí sé es que, aunque suene feo decirlo, me alegré muchísimo de lo que le pasó al ver que no era nada grave, pues, de vez en cuando, a todos nos viene bien un guantazo de realidad para hacernos poner los pies en el suelo.
¡Gracias por leer!
J.R.R.G.




Comentarios sobre Así le ocrurriera a Alfonso de Borbón...
OOOHh, no me digas eso, de solito nada, se quedaban Los Pedros y Emilio y Roketón y SSM, que no sé.
Hablamos el lunes, warra o ya me conecto o lo que sea...
SALUTENS"
Un besito!!
La verdad es que se la podría haber cortado, hubiese sido una foto chula en el álbum, en plan: "Aquí estamos en la playa, en la parte de las rocas, y esto es de un capullo que se autodecapitó con un cordel allí en el camping; aquí estamos en el coche, de vuelta..."
Besos!!
Dios, esos campings siempre los recordaré..
Me acuerdo de la noche que jugamos al escondite..pero no recuerdo a ningun Draco Malfoy..
en fin...!
JAJAJA AI K SE TORPE PA COMERSE UN CORDEL xD

al principio crei k ablabas del primo de andre el k taba colao x claudia xD
me lo pasaba to bn!!