Chifón, el Desenlace (2ªParte)
A continuación la segunda y última parte de Chifón, una amistad que murió hace tiempo.
Como todo buen padre debe hacer, el de Chifón no fue menos y le mostró los Beatles. Quedaban así asentadas las bases de lo que un buen gusto musical comprende. A Chifón le encantó este cuarteto sonriente y antiguo, disuelto ya, y con una discografía de escándalo, completísima y en sus manos, toda para él. Escuchando y escuchando se fue dando cuenta de que esa música era su vida y comenzó a querer más de los de Liverpool; compró libros, buscó camisetas (sin éxito), se comenzó a dejar el pelo largo al igual que sus ídolos hicieran en sus comienzos en los 60, y se emparanoió hasta tal punto que el padre le cogió odio al grupo y pensó seriamente en llevar a su hijo a un psicólogo. Esto que hago no es más que transmitir lo que en su día me contara Chifón, no como confidencia, sino como algo anecdótico.
Empapeló su habitación con fotos y fue por él por quién empecé yo a aficionarme disimuladamente a los Beatles (sí, mi padre había fracasado en el intento anteriormente), a odiar a Yoko Ono y entender poco a poco el movimiento hippie. Todo estaba muy bien, Chifón hablaba de la paz y de Lennon como un Dios. También por esta etapa de su vida encontró en Jim Morrison a un líder más al que alabar y a cuyo grupo (The Doors) adorar. Vivió la psicodelia y los sesenta de manera intensa, relajando sus pamplinas de hijo único mimado y cuidando que sus pelos crecieran sin llegar a los hombros. De esta época son las magníficas y célebres frases: "Jim Morrison fue el Jesús Cristo de la musica" y mi favorita: "Cuando John Lennon murió, la gente hacía cola en las azoteas de los rascacielos para suicidarse". Se ve que lo confundió con el Crack del 29.
Llegó el verano y Chifón se fue a su tierra natal, Cordoba. Pasaron dos o tres semanas y volvió otra persona. Para empezar, la melenita lisa y cuidada había desaparecido, ahora el mismo pelo de siempre relucía casposo en su cabecita, más corto incluso de lo habitual. Chaqueta vaquera y pantalones de pitillo bien pegados a los muslacos que dejaban apreciar el diámetro de su culo. Su forma de hablar era más agresiva y venía fumando Camel. Escupía como una llama a cada calada que le daba al pitillo y tosía, esforzándose por acostumbrarse al cigarro. Ya no hablaba de Lennon, ni de Morrison, no odiaba a Yoko Ono, realmente pasaba tres carajos, ahora solo se interesaba por la política en España y por el código SkinHead, el cual formaba su religión.
Su primo, un capullo de pueblo, le había inculcado todas estas cosas y había soplado por la oreja a Chifón, inflándole la cabeza con tonterías como el White Power, los nacionalismos, la fuerza por la fuerza, el honor del SkinHead, etc. Ahora era más antipático, facilmente irritable, chulo, serio, apestaba más y no escuchaba los Beatles, solo grupos SkinHead que enaltecían la bulla, el desorden, la pelea y la violencia en favor de sus ideas. Había pasado de un extremo, la libertad y la lucha contra el sistema, al contrario, la vuelta a las viejas costumbres, la recuperación del poder conservadurista, etc. Muchas veces hablaba y hablaba y yo me dedicaba a pescar, pensar en otras cosas y poner caras al Peluca, que por otro lado cada vez se iba alejando más de Chifón.
Tras un buen tiempo con esta mentalidad, llegamos el instituto, donde se juntó con algunos personajes que no querían ver más allá del humo de su porro y que pasaban las horas de clase en la playa o pegados al muro tomando el sol. Triste era ver como Chifón se acercaba más y más a estos tipos y su idiología comenzaba a hundirse bajo el peso de nuevas amistades y nuevos puntos de vista. Para resumir, en menos de un mes, Chifón era heavy. Heavy de los de antaño, de Iron Maiden y Helloween, y la música Skinhead, que tenía en cassettes, fue a parar a lo más hondo de un cajón.
Esta nueva época fue muy confusa, casi como ver a un cuadro de Picasso de su época cubista, tres personalidades diferentes en una misma persona que se iban alternando y que iban dejándose ver a saltos, según les diera la luz. El pelo volvió a crecer, ahora descontroládamente y para sufrimiento de su madre, la afición al tabaco se hizo mayor y se emparejó con la del cannabis, la música oscilaba entre Cradle Of Filth, Iron Maiden, Marilyn Manson, Slipknot y de fondo aún podía oírse a McCartney gritando "She loves you, yeah, yeah, yeah...". Se volvió agresivo y hablaba de navajas, puños americanos, a ratos de cuánto deseaba beber cerveza (a pesar de que no la había probado más que en su pueblo), de cómo de guarras eran las góticas, etc.
Vestía de negro riguroso siempre, y había que tener cuidado con la conversación, pues como digo, era bastante irritable. Una tarde, estando él, SSM y yo dando una vuelta, mencionamos a Linkin Park, grupo que oíamos SSM y yo por aquella época, y Chifón saltó diciendo: "A los de Linkin Park habría que empalarlos y prenderles fuego". Y ahí es nada. Recuerdo una vez, una de las últimas veces, que sus padres me invitaron a comer con ellos y Chifón al Arte Serrano, y allí fuimos. Todo fue perfecto hasta que, andando por el Paseo Marítimo viendo los puestos de los negros de bolsos falsos, pulseras de mentira y CDs piratas, un negro pasó muy cerca de Chifón y éste escupió al suelo y dijo: "White Power". Los padres no lo oyeron, pero yo sí, y me empecé a asustar de verdad.
¿Quién era ahora este Chifón? Había ido perdiendo a los amigos de tres en tres, y eso que nunca fue persona altamente sociable. El Peluca ya se había terminado de alejar de nosotros, sus "amigos" heavys del instituto eran demasiado mayores para él (repetidores empedernidos) y pasaban del niñato de turno que siempre los rondaba en los recreos, las discusiones en su casa, debido a su nueva actitud, eran casi constantes, y el único capullo que quedaba para soportar sus locuras era yo. Yo, yo, yo. Persona a la que llamaba día y noche y a la que intentaba arrastrar a los sitios más ridículos. Persona a la que intentaba persuadir para que le complementara en idiología y le siguiese el rollo. Pero, uff, no pudo.
SSM no lo soportaba, así como el resto de mis amigos lo preferían lejos, y eso me dificultaba a mí las relaciones. Yo lo entendía, era difícil pasarlo bien en su presencia y se había convertido más en una carga que otra cosa para unos chavales de quince años, que es lo que éramos. Y así, en estas circunstancias, llegó el final de nuestra amistad, o lo que fuera aquello.
Pleno verano en Cádiz, un calor de la hostia, me llama Chifón por la mañana para invitarme a su casa a ver la segunda de Harry Potter, que él no había visto, y le digo que no puedo, mentira (y eso era otra, no se le podía decir que no, insistía una y otra y otra y otra y otra vez). Me quedo en mi casa jugando a la play al fresquito del ventilador. Me llama al mediodía, no recuerdo si antes o después de la llamada de SSM, y me dice que vaya con él al Corte Inglés a ver unos guantes de cuero con boquetes para sacar los dedos o algo así. Por otro lado, SSM me había dicho que fuéramos a la playa con el Pere, sí, ése en cuya casa nos apalancamos hace dos artículos. Sopesé las ofertas y creo que mi cansancia Chifonesca puso parte de su peso en la mentira. Llamé a Chifón y le dije que no podía ir con él a ningún lado porque mi prima llegaba de París esa tarde e íbamos toda mi familia a recogerla al aeropuerto. Coló.
La tarde discurría sin dificultades, en mi casa, a la sombra en el salón, con un mando en mis manos y la compañía de SSM prevía a ir a la playa, cuando un mensaje llegó a mi antiguo (y ex-irrompible) Nokia 3310. Era de Chifón. Se había encontrado con mi hermana por la calle y ésta no le había ocultado nada sobre mí cuando Chifón le preguntó, diciéndole que de aeropuerto nada, que estaba en mi casa jugando a la play con SSM. En el mensaje decía que era un cabrón, hijoputa, o algo así, sé que era fuerte, me llamaba de mentiroso para arriba y con razón. Sé que no fue la manera más correcta de acabar, pero ni me molesté en llamarlo para disculparme. Fui, y vuelvo a lo que ya dije en la entrada anterior, un cabrón. Pero ahora entendéis las razones.
Al año siguiente tocó en mi clase y fue incómodo tenerlo durante todo el curso a mi lado sin dirigirnos nunca la palabra, siempre temiendo el ser emparejados para algún trabajo. Nuestro último contacto fue en una clase de Sociedad Cultura Religión (no religión), en la que el profesor, como práctica de relajación, nos hizo ponernos por parejas y darnos mutuos masajes por todo el cuerpo por atrás, de cabeza a pies sin dejar nada. Íbamos rotando, y acabe masajeando la espalda y el culo de Chifón. No fue agradable...
Lo vi de manera intermitente, siempre cruzándonos en la calle, los dos años siguientes, descubriéndolo cada vez con el pelo más largo y cara de más mala leche y SSM, que lo siguió viendo en el instituto (yo me cambié), me decía que no tenía apenas amigos. Y, aunque no lo creais, me entristecía. Poco después descubrí que se había echado una novia por internet, de Barcelona, y que se iba a vivir y estudiar con ella allí.
Me lo crucé por última vez este verano, a él con la novia, la madre y el padre, y no pude más que mirar para otro lado y acelerar el paso.
Gracias por leer.
J.R.R.G.
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