El forense dijo que me faltó poco
Aquí va una anécdota de hará tres años (more or less) sobre la mañana en que casi morí.
Hacía un día bonito, de los de "Me cago en la puta, ¡qué día más bonito!", y SSM y yo habíamos decidido la noche anterior irnos a dar un paseo con las bicis, pero no un paseo cualquiera, no, no, un paseo en condiciones, de los que cansan. Habíamos decidido ir en bici a San Fernando y hacer una visita al Pere.
Por aquel entonces sabíamos que había un carril-bici que hasta allí nos podría llevar por un camino de tierra, amplio y seguro, pero no teníamos ni idea de dónde estaba, así que, tras inflar bien las ruedas, cargar las botellitas de agua y colocar el destrozaculos, salimos de casa de SSM pedaleando. Creo que era verano, y el calor nos martirizaba los cogotes a traición, sudábamos más que una monja en la playa, y no encontrábamos el puñetero carril-bici. Por lo que, haciendo acopio de insensatez pubértica, nos decidimos a meternos en carretera (¡con dos pedazos de cojones!) viendo pasar a nuestra derecha, la playa de cortadura.
Los coches iban a toda puta hostia e íbamos más que asustados por el arcen, temiendo amputarnos las piernas con el quitamiedo si nos acercábamos mucho y sabiéndonos en peligro si nos separábamos más y el espejo retrovisor de un coche nos hacía un bonito tatuaje en la espalda. Yo iba delante, SSM detrás, a poca distancia. No hablábamos, conscientes de que la habíamos jodido eligiendo aquel camino y que tendríamos que ir con pies de plomo hasta San Fernando. Por mi cabeza pasaba de todo con tal de explusar el miedo, e intenté, con cuidado, mirar el paisaje.
La autopista era horrible vista desde fuera de un coche a ochenta kilómetros por hora, solo se veía el brillo del sol pasar de techo en techo deslumbrándonos y el sonido fugaz de las ruedas crujiendo a nuestro lado. Yo miré a mi izquierda, sobre los coches, y vi, a lo lejos, el sitio este raro, al que realmente se llega desde el carril-bici (imaginaos si estábamos lejos) donde hay dos edificios que son medias circunferencias blancas. No sé para qué era, ni me interesaba una mierda, pero solté la mano izquierda del manillar, me giré un poco y dije algo así como: "SSM, ¿has visto las tetas esas?" (aunque esto tiene que verificarlo SSM, no recuerdo bien).
Justo en ese momento, la rueda delantera de mi bici se movió como el cuello de una negra vacilona y todo empezó a tambalearse. Íbamos rápido, y me costaba trabajo controlar la bicicleta con sus espasmos entre el miedo y la desesperación que tenía encima. No recuerdo si pitó algún coche, pero me sentía como un equilibrista sin brazos a punto de comerse el vacío (sin colchoneta, of course). SSM, en un intentó de ayudar desesperado, gritó: "Tío, ¿qué haces?". Todo parecía ir a acabar como en un libro de Stephen King, con la bicicleta entre las ruedas del coche y yo disperso en trozos por ahí mientras recogían mis zapatos y mis pantalones, vueltos del revés, de la carretera. También podría tener un final más rápido, decapitación instantánea con el quitamiedo, pero tendría que tener mucha agilidad para eso.
La cuestión es que, tal como vino, se fue, y conseguí frenar la bici, tirarla al suelo y apoyar mi culo en lo que diez segundos antes me había parecido un arma mortal. SSM se bajó también de la suya y vino hacia mi repitiendo, aunque ahora en pretérito perfecto: "Tío, ¿qué coño has hecho?". Me bebí mi agua y parte de la suya y no sé que aspecto tendría, pero mi corazón hacía un redoble tras otro y me costaba respirar.
Pasé miedo, pero eso no evitó que siguiéramos el camino como si nada, tardaríamos más en volver que en seguir, y ya en San Fernando veríamos si volvíamos en tren o en avión. No sé si lo de la idea del Pere fue premeditada, como di a entender antes, o surgió espontánea como escusa de dejar las bicis de lado un rato y descansar. Eran las dos o así de la tarde, el sol pegaba fortísimo y cuando llegamos a casa de Pere necesitábamos agua y ensaladilla. La comida fue muy agradable (Gracias, mamá de el Pere) y allí descansamos hasta que nos echaron a patadas al pillarnos robando de la caja fuerte... es broma.
La cosa es que volvimos por el carril-bici de los cojones gracias a que nos lo mostró el Pere y llegamos sanitos y salvos a nuestros respectivos hogares bien entrada la tarde. Esta anécdota se ha contado mucho, bueno, yo la he contado mucho, no es que hayan ido por ahí discípulos míos predicándola, y puede que algunos la conozcáis, pero aún así dejadme un comentario, so siesos.
¡Gracias por leer!
J.R.R.G.
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